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Nadie quiere ser un mal gerente, pero el puesto tiene una forma de convertir a algunos de los líderes más talentosos en microgerentes. En algunos casos, los gerentes ni siquiera se dan cuenta de que están gravitando hacia los malos hábitos hasta que comienzan a perder personal, productividad y poder.

  • ¿Te preocupa ser un microgerete?
  • ¿Cómo puedes resistir tus tendencias de microgestión?
  • Y, lo que es más importante, ¿cómo deshacerte de tu reputación de microgerente para siempre?

 

Sigue estos tres pasos para mostrar a tu equipo que realmente has dejado atrás el terrible hábito de la microgerencia:

1.- Deja de revisar todo el tiempo

Puedes pensar que estás siendo útil al revisar con frecuencia un proyecto específico, pero es probable que tus empleados no piensen lo mismo.  ¡Admítelo, no te lo crees!

En lugar de acudir siempre a tus empleados para revisar su gestión, pídeles que acudan a ti. Una buena forma de establecer esto es programar reuniones periódicas para discutir el progreso de los proyectos actuales.

En una reunión, con tu equipo de ventas por ejemplo, podrías discutir hasta qué punto se han movido varias oportunidades en el proceso y pensar en formas de hacer avanzar cada una antes de la reunión de la próxima semana. De esta manera, todos saben cuándo se espera una actualización y pueden planificar sus días en consecuencia.

Adoptar este enfoque también te permite concentrarte en los resultados, en lugar de los detalles minuciosos de cada tarea, cuenta o proyecto.

 

2.- Confía en los expertos de tu equipo

  • ¿Te encuentras constantemente diciéndole a tu diseñador qué colores debe usar en proyectos específicos, a pesar de que no tienes experiencia previa en diseño?
  • ¿Te has encontrado en reuniones en donde cambias y modificas palabras solo porque te “suenan mejor” ignorando la experticia de tu equipo de marketing?

Si respondiste afirmativamente a una de estas preguntas (o ambas), no le estás dando a los miembros de tu equipo la autonomía para usar su experiencia.

Puedes sentirte tentado a esta microgestión porque piensas que, como gerente, debes tener todas las respuestas, pero ¡nada más alejado de la realidad! Como gerente y líder, tu trabajo es reconocer las mejores ideas, no necesariamente tenerlas tu mismo.

Recuerda por qué contrataste a ese diseñador y ese equipo en primer lugar (aquí hay una gran pista: ¡fue por su experiencia!). Los expertos de tu equipo tienen conocimientos más profundos sobre las tareas en cuestión, así que es más probable que ellos reconozcan y aprovechen las oportunidades potenciales.

Utiliza tus conocimientos general de las tareas necesarias para colocar a las personas adecuadas en los lugares correctos. Después de eso, la clave para administrar a tus expertos es comunicar lo que se necesita, brindarles el apoyo y los recursos para cumplir con sus tareas y luego confiar en ellos para realizar la tarea.

 

3.- Delegue más de lo que te sientas cómodo

Como ejecutivo, tienes objetivos reales de metas que alcanzar y objetivos que cumplir. Por lo tanto, cuando surge una tarea crítica, puedes tender a recurrir al viejo adagio: “Si quieres que algo se haga bien, hazlo tú mismo“.

En lugar de darle una oportunidad a un novato en una tarea vital, te convences de que es mejor aprender observando que haciendo. Pero ese enfoque no augura nada bueno para el futuro de tu equipo, ni para deshacerte de tu reputación como microgerente.

En su lugar, permite que tus empleados se involucren en las cosas más difíciles desde el principio. Pero siempre da una retroalimentación correcta, positiva y enfocada, de esta forma serás un entrenador de apoyo en lugar de un jefe microgerente.

Los líderes empresariales que tienen talento para la delegación, y lo ponen en práctica, pueden generar un mayor crecimiento y éxito empresarial que aquellos que se sumergen en los detalles mundanos de la gestión de sus empresas. Es por ello que la experiencia del mundo real es una parte fundamental del aprendizaje.

Siempre es posible encontrar una alternativa al comportamiento de microgestión. Confiar en que tu equipo te avisará cuando necesite ayuda creando una cultura de comunicación asertiva, y que sepan lo que están haciendo, capacitándolos para que puedan asumir más con control y productividad es un buen comienzo, y además te ayudará a disminuir el estrés que conlleva querer hacer todo.

 

Por Fabiana Roche.