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¿Qué es la ansiedad?

A lo largo de mi experiencia he podido llegar a diferentes conclusiones acerca de qué es para mí la ansiedad. Pero una de las definiciones que más me gusta es: la ansiedad es la acumulación de una serie de emociones no trascendidas y o no gestionadas en su momento. A continuación, voy a desarrollar un poco más esta frase que tanto me gusta para que así se pueda comprender e integrar de manera más clara y te doy algunos consejos que te pueden ser de utilidad para afrontar los momentos de más ansiedad.

 

Comprendiendo la ansiedad

Cuando somos muy pequeños nadie nos enseña qué son las emociones, qué papel juegan en nuestra vida y cómo reconocerlas para así poder gestionarlas en su momento y evitar que queden acumuladas en forma de energía estancada en nuestro cuerpo.

 

¿Y qué sucede después?

Pues que nos hacemos adultos, y de pronto nos despertamos viviendo una vida en la que no nos reconocemos; una que vivimos de manera automática y sin pararnos ni por un segundo.

Nos levantamos, miramos automáticamente el móvil, nos empapamos de información externa a nosotros mientras desayunamos, vamos a un trabajo en el que no nos podemos expresar de manera auténtica y en el que no nos sentimos valorados y volvemos a casa sumamente cansados y sin una pizca de energía para continuar con el resto de nuestro día.

Hasta que un día, cuando menos te lo esperas… ¡BOOM! ¡Explotas! Tu primer ataque de ansiedad de camino al trabajo. Aunque en ese momento no sabías que era un ataque de pánico porque estabas demasiado ocupada intentando adivinar qué le estaba pasando a tu cuerpo, y probablemente creyendo que te ibas a morir en ese preciso instante.

 

¿Y qué crees que le ha pasado a tu cuerpo?

¡Pues que ya no podía más! Después de las cincuenta mil señales que te ha estado mandando a lo largo de tu vida y de las que hiciste caso omiso, ha llegado un momento en el que te ha dicho o paras, o te paro yo.

El cuerpo es el subconsciente, y el subconsciente es el cuerpo. Tu subconsciente te ha estado mandando señales a través del cuerpo todo el tiempo, pero tú no has sabido reconocerlas.

No es tu culpa; como he comentado antes, nadie nos enseña a identificar estas señales ni venimos con un manual de cómo funciona la vida. Al revés, vivimos en una sociedad ególatra en la que nos valoran por el trabajo que tengamos, cuánto cobramos o el estatus social que tenemos.

Al final todo esto genera mucha presión y exigencias de manera inconsciente, y nos sentimos en la “obligación” de continuar en un trabajo que odiamos (aun experimentando altos niveles de ansiedad o ataques de pánico a diario en el lugar de trabajo) porque si lo dejamos, parece que ya hemos abandonado todo por lo que luchamos en su día.

Pero realmente esto es una mentira más que te está contando tu ego para que no te enfrentes a tus demonios y sigas en tu incomoda comodidad. La verdad es que no te quieres enfrentar a esos demonios porque tienes miedo al cambio y le tienes temor a la incertidumbre, y eso te impide tomar acción en tu vida.

 

¿Qué hacer?

No es tu culpa que hayas llegado a este punto, no es tu culpa que la ansiedad haya aparecido en tu vida, pero sí que es tu responsabilidad hacer algo al respecto y tomar las riendas de tu situación actual. Y para ello te voy a explicar a continuación los 4 pasos a seguir para hacerte responsable de tu realidad y vivir una vida mucho más plena y auténtica.

 

1. Sé consciente de tus pensamientos

Tus patrones de pensamientos negativos vienen de creencias limitantes que se han creado por experiencias pasadas, por parte de la sociedad en la que vivimos y de papá y mamá (la forma en la que te has criado).

Identifica si esas creencias son realmente tuyas o provenientes de otras fuentes y empieza a desmontarlas para saber realmente de dónde vienen.

 

2. No te identifiques con esos pensamientos

Cuando nos identificamos con nuestro ego y nos creemos esos pensamientos que no nos dejan avanzar es cuando existen las limitaciones. Es cierto que tampoco nadie nos ha explicado qué es realmente el ego y cómo opera en nuestra psique, pero te aseguro que siempre opera desde el miedo y nunca desde el amor.

 

3. Sé consciente de tu cuerpo

Las emociones o sensaciones en el cuerpo van precedidas del pensamiento, por lo que de esta manera podremos identificar cuándo nos hemos creado ansiedad (porque hemos observado al pensamiento). También es verdad que a veces los pensamientos van tan rápido que no nos damos cuenta y ya sentimos ansiedad; no pasa nada, lo explico en el siguiente punto.

 

4. Conecta con la sensación

Cuando ya te encuentras con la ansiedad en el cuerpo, fíjate en qué parte del cuerpo sientes más intensa y conecta con esa zona. Simplemente permítete sentirla sin ignorarla, distraerte con algo o evitarla; intenta encontrar un lugar tranquilo y siéntate inhalando y exhalando profundamente y dejándola estar. También te puedes repetir “todo está bien dentro de mí, esto es momentáneo o yo tengo los recursos para salir de esta situación”.

 

Concluyendo…

Espero que este artículo te haya servido para profundizar más en ti misma y que empieces a practicar los cuatro pasos para que la ansiedad no te limite en tu día a día. Recuerda que esto es un proceso y que cómo te hablas a ti misma es muy importante a la hora de superar los diferentes retos que la vida te presenta.

 

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