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Sea cual sea la meta que hayas elegido para este año, lo cierto es que no quieres intentar hacerlo realidad con tu fuerza de voluntad. Al menos, no de la forma en que la mayoría de las personas piensa en ello: esforzándose al máximo, forzándose a hacer eso que realmente no quiere hacer.

 

La mayoría de las personas tienen un éxito limitado con ese enfoque. Pero un gran uso de la fuerza de voluntad es emplearla para adelantarse a esos momentos en los que no la tendrás. Tienes que hacer cosas con mucha antelación que despejen el camino para cuando no tengas ganas. Con días de antelación. Incluso semanas. Porque si buscas tu fuerza de voluntad en una fría, oscura y lluviosa mañana de febrero, la buscarás durante tanto tiempo que puede que no llegues al gimnasio. Pero si has utilizado tu fuerza de voluntad cuando la tienes para prepararte para cuando no la tienes, algo tan simple como un correo electrónico (para concertar una cita con un amigo para hacer ejercicio) puede moverte a hacer algo que de otro modo habrías esquivado.

 

Estas son algunas tácticas que funcionan para contrarrestar los inevitables bajones de motivación que aparecen cuando se avanza hacia objetivos desafiantes a largo plazo:

 

1. Aprovecha tus intereses.

Mira, lee, habla “obsesivamente” sobre lo nuevo que quieres tener en tu vida. Las comillas están ahí porque puede parecer obsesivo, pero no es la verdad. A menudo se trata simplemente de lo que se necesita para ponerse -y mantenerse- en acción durante el tiempo suficiente con una cosa concreta para ver cómo se mueve la aguja.

 

¿Aprendiendo un idioma? Compra los periódicos en su nuevo idioma. Mejor aún, si eres un apasionado de las actividades al aire libre, suscríbete al periódico italiano (o árabe, o chino) que informa con todo lujo de detalles sobre las acampadas al aire libre en esa zona, en ese idioma.

 

2.  Encuentra una comunidad.

Es muy útil juntarse con gente que vive el cambio que quieres hacer. Si quieres ponerte en forma, quieres aprovechar el campo de distorsión de la “normalidad” que puede proporcionar una comunidad, no que se vuelva en tu contra. En pocas palabras, puedes unirte a tus compañeros en el pub, o a los del box de Crossfit local.

 

Si estás intentando ponerte en forma y todo el mundo que conoces piensa que un entrenamiento es un pequeño paseo para tomar cerveza en el bar local, puede que necesites nuevos amigos. No porque los antiguos sean malos seres humanos, sino por el tipo de comentarios que recibirás de ellos acerca de ir al gimnasio. Puede que expresen su admiración, pero que intimen con que no es normal todo ese ejercicio. Un poco obsesivo. Quieres unos amigos para los que sea totalmente normal.

 

3. Reducir la fricción.

En nuestro trabajo, una de las preguntas centrales es “cuál es la siguiente acción”. Es decir, qué es lo siguiente físico y visible que vas a hacer para conseguir un resultado concreto que quieres. Tener claro cuál es la siguiente acción es una condición sine qua non para que todo ocurra realmente. Si no sabes cuál es la siguiente acción, no puede ocurrir; tienes que haberla pensado para poder hacerla.

 

Una vez que comprendas el poder de esa idea, podrás perfeccionarla. ¿Cuál es la siguiente acción que me atrae? O, si la siguiente acción es de algún modo repelente, ¿cuál es la fracción de esa acción que puedo engrasar? ¿No quieres salir a correr la mayoría de las mañanas? ¿Qué tal si pones tus cosas para correr en la cómoda, listas para salir? Y esto nos lleva a…

 

4. Bajar el umbral del éxito.

Algunos dicen que hay que comerse la rana. Empezar por lo más difícil, y a partir de ahí todo se vuelve más fácil. Tal vez. Yo soy más del tipo de renacuajo. Empiezo con algo fácil, que -una vez completado- ha cambiado mi estado para que la siguiente cosa -más difícil- parezca más fácil. Si me quedo en eso toda la mañana, a primera hora de la tarde ya estoy azotando platos llenos de ranas.

 

Seinfeld se comprometió a escribir un chiste al día. Un amigo, que ha publicado varios libros, considera que un día es exitoso si escribe una frase. Obviamente, ninguno de los dos se detuvo después de alcanzar su objetivo autoimpuesto, pero el objetivo de fácil acceso los puso en movimiento. Es mucho más fácil mantenerse en movimiento que ponerse en marcha, así que encuentra el umbral más bajo posible para pasar a la acción y, a continuación, amplíalo.

 

5. Consigue un compañero.

Establecer un objetivo desafiante que debe alcanzarse con otra persona -preferiblemente alguien a quien prefieras no defraudar- es otra forma estupenda de cambiar comportamientos. Trabajar para conseguir un objetivo exigente a largo plazo es difícil. Tener a alguien cerca que te empuje cuando no quieras hacer la siguiente acción -la siguiente repetición, la siguiente carrera- puede ser de gran valor. Y funciona en ambos sentidos.

 

La próxima vez que seas tú quien se sienta en forma y motivado, arrástralo al gimnasio. Hay algo alquímico que sucede en la relación que hace que la motivación disponible para dos personas que persiguen el mismo objetivo sea mucho mayor que la suma de lo que cada parte aporta.

 

6. Prolongar las “rachas”.

Como humanos, nos gusta lo completo. Una vez que estableces el ritmo de tu práctica, hay energía en simplemente hacer la cosa de nuevo. Y otra vez. Y otra vez. Una de las únicas razones por las hago Chi Kung todos los días es que lo he hecho durante 8 años. Y he visto el resultado de hacerlo. Estoy bastante seguro de que no pasará nada malo si lo dejo pasar, pero tampoco quiero descubrirlo.

 

Ese patrón está establecido, funciona, y cuando pienso en no hacer mi rutina diaria de Chi Kung, me da un empujón; ¡qué pena romper la racha después de todo este tiempo! Encontrar una forma de hacer esto visual (un calendario de pared que veas a diario con marcas en los días que has estirado o hecho ejercicio, por ejemplo) comprometerá totalmente este aspecto particular de la psicología humana.

 

Basado en un artículo de Eduard Lamont.