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Con lágrimas a punto de salir, Susana estaba claramente en un mal lugar: “He tenido grandes problemas en el trabajo, y siento que algo realmente malo está a punto de suceder.” Me había llamado de la nada, cerca del final de su paciencia. Después de unos minutos de conversación, se hizo más claro lo que estaba pasando. En medio de la pandemia, se sentía totalmente sobrecargada de trabajo, exhausta y con una necesidad real de un descanso.

No obstante, éste había sido un buen año para ella: sus cifras habían aumentado en un 21% respecto al año pasado, a pesar que su equipo se había reducido de cuatro a una sola persona.

Había otro tema que tratar, además de su dolor y agobio. Su jefe no tenía idea de lo que había estado haciendo en los últimos meses… por lo que sugerí aplicar primero el principio de la navaja de Ockham: no busques una solución complicada cuando una simple lo hará.

En este caso, la simple luce así: definitivamente necesita dormir, y ciertamente le vendría bien algún aporte externo sobre su valor para la compañía y en su mercado. Pero desde una perspectiva más amplia, ella también necesita una lista de proyectos.

 

Si te presentas a esa reunión con una lista completa de proyectos puedes tener una conversación mucho mejor:

“Aquí están las 75 cosas en las que estoy trabajando ahora mismo. Me iba bastante bien hasta hace una semana, cuando llegaron esos tres nuevos clientes; pero desde entonces he estado bajo el agua. ¿Podemos revisar esta lista y ver si hay algo en lo que estoy trabajando que tenga una prioridad lo suficientemente baja como para que podamos detenerlo un poco?”.

 

Si no eres capaz de mostrarles una lista completa de todo lo que estás tratando de terminar en ese momento, no estás ayudando a que te ayuden. Sólo estás ofreciendo un informe sobre tu estado emocional. Estás diciendo, “Me siento sobrecargado de trabajo”.

Probablemente esta conversación no termine bien. Si tu jefe está trabajando en la misma cultura organizativa, es probable que se oponga: “Yo también”. Lo han hecho durante la última década. Tu punto es…?”

Con esa lista revisada y a punto, la próxima vez que tu jefe pregunte: ”¿en qué estás trabajando?”, puedes empezar:

“Me alegro de que hayas preguntado…”

Por Edward Lamont.