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De acuerdo con una investigación desarrollada por BBC Mundo (Lucía Blasco), 7 de cada 10 personas han sufrido en algún momento de su vida el “síndrome del impostor”.

 

Una carrera profesional exitosa, logros académicos, elogios y, a pesar de todo, sigues pensando que todo se debe a una serie de “golpes de buena suerte”, que pueden desaparecer en cualquier momento.

 

Este trastorno es más habitual de lo que parece, se llama “síndrome del impostor”:

Millones de mujeres y hombres en todo mundo, desde exitosos directivos de empresas, hasta brillantes estudiantes o actrices, como Kate Winslet, están secretamente preocupados por no ser tan capaces como todos creen. Si bien es cierto que “suele afectar más a las mujeres que a los hombres por la inequidad que, aún en la actualidad, enfrentamos en el mundo laboral”, apunta Udemy.

 

De hecho, según una encuesta llevada a cabo por la auditoría KPMG en 20212, el 75% de las mujeres confiesa haber experimentado este síndrome en algún momento de su carrera.

Cuando la asesora profesional y autora del libro: “Cómo superar el síndrome del impostor”, Aida Baida Gil, oyó hablar por primera vez del síndrome, no pudo sentirse más identificada. Quienes lo sufren “tienen la sensación de no estar nunca a la altura; de no ser lo suficientemente buenos, competentes o capaces; de ser impostores, un fraude”.

Tuve esa sensación durante toda mi carrera científica. Pensaba ¿qué hago yo aquí? Después me di cuenta de que le sucedía a mucha más gente, especialmente en profesiones en donde la competencia es muy alta“, le contó la experta a BBC Mundo.

Baida Gil recuerda que le volvió a ocurrir cuando cambió de carrera y pasó de ser bióloga y genetista a coach profesional: “Aunque en ese caso fue más temporal“.

La asesora asegura que hay dos niveles:

Uno que desaparece con el tiempo y la experiencia —y que se manifiesta cuando nos sentimos inseguros ante un nuevo reto o puesto de trabajo— y otro más grave, que empeora con el tiempo.

Asumes que tu éxito es cuestión de suerte y nunca lo achacas a tu inteligencia sino a factores externos o al hecho de que hayas tenido que trabajar muy duro para lograrlo“, explica.

 

Cuatro posibles causas:

La percepción de conceptos como “éxito”, “trabajo” y “competencia” es uno de los factores causantes del síndrome:

1. Dinámicas familiares durante la infancia.

“Cuando tu hermano es ‘el inteligente’ y tú eres ‘la simpática’, o tienes presión para sacar buenas notas, padres muy exitosos o sientes que eres ‘la oveja negra”, cuenta Aida.

2. Estereotipos sexuales.

El síndrome del impostor, según la especialista, es “igual de frecuente en mujeres que en hombres”, aunque hasta hace poco se pensaba que ocurría principalmente en mujeres debido a los “mensajes de éxito y fracaso en la sociedad” y a la “presión ante ser madre y, al mismo tiempo, una profesional de éxito”.

3. Diferencias salariales.

Aida trabaja principalmente con mujeres profesionales y asegura que “la realidad de la mujer en el mundo profesional” es también una causa de este síndrome.

4. Percepción de éxito, fracaso y competencia.

“Las personas que sufren el síndrome son muy exigentes consigo mismas y tienen una lista de requisitos prácticamente imposibles de llevar a cabo”

 

La mayoría de las personas que sufren el síndrome del impostor no dirían que se sienten como impostores. Pero cuando oyen hablar sobre el tema a menudo exclaman: “¡Así es exactamente como me siento!’” …

 

Según Aida Baida, el “síndrome del impostor” puede tener repercusiones en la carrera profesional de quienes lo sufren:

  • “Temor que los demás puedan descubrir en cualquier momento que son un fraude y que no merecen su éxito”.
  • “No correr riesgos ni atreverse a pedir un ascenso por miedo de no estar a la altura, así que trabajan por debajo de su potencial”,
  • “Aumento de sus niveles de estrés y disminución de su productividad, porque a menudo postergan tareas o bien trabajan demasiado duro para justificar que su éxito se debe al duro trabajo y no a su talento”.

Lo más normal es que con el tiempo desaparezca esta sensación, pero, de no ser así, se recomienda “investigar más sobre el tema, reconocer las normas que te exiges a ti mismo y cambiar los guiones internos cada vez que uno se enfrente a una situación de estrés”.

 

Cuatro consejos para evitar padecer el “síndrome del impostor” en el entorno laboral:

  • Promover espacios de trabajo con predominio de la seguridad psicológica. Es decir, fomentar grupos de trabajo en los que podamos desarrollar nuestra confianza y seguridad. En definitiva, promover espacios de trabajo en los que podamos decir lo que pensamos y pedir ayuda cuando la necesitemos, sin miedo a que nos juzguen.
  • Reconocer tanto los logros propios como los ajenos. El “síndrome del impostor” puede afectar también a más gente de nuestro entorno, por lo que no solo es importante reconocer y celebrar nuestros propios éxitos, sino también los de los demás. De esta forma, conseguiremos crear un lugar de trabajo saludable, donde los logros se reconozcan en un plano general. Con ello, sentiremos una mayor confianza a la hora de identificar nuestros propios triunfos.
  • Ofrecer feedbacks En el caso de liderar equipos, es importante brindar feedbacks de forma constante y transparente a todas las personas del equipo para promover y facilitar su desarrollo personal. Y en caso de que no seamos quienes lideremos los equipos, también resulta fundamental forzarnos a pedir este tipo de opiniones de forma regular, para continuar creciendo en nuestra profesión. Entender qué es lo que estamos haciendo bien (y qué es lo que no) nos ayudará a ganar seguridad, y a reducir esa posible inestabilidad provocada por el “síndrome del impostor”.
  • Promover prácticas diversas, equitativas e inclusivas en el trabajo. Fomentar equidad e inclusividad en el entorno laboral (como el acceso equitativo a oportunidades), hace que trabajemos en un ambiente capaz de reducir nuestras inseguridades, además de que permite potenciar al máximo nuestros talentos y destrezas profesionales.

 

La próxima vez que te den un cumplido, lo que debes hacer es comenzar a agradecer. Sin dar excusas, sin justificarte.

“Simplemente dar las gracias”.

 

 

Albertina Roche

Consultora – Intelectum Beyond Consulting.