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Según Gonzalo Álvarez Marañón /May 14, 2009 | Exposición: El Conocimiento tiene una maldición, mientras más sabes, peor te explicas…

Describen los hermanos Heath en su libro “Pegar y pegar”, un sencillo experimento psicológico en el cual a los sujetos se les asignaba uno de dos roles:

  1. “tamborileros”
  2. “oyentes”.

Los tamborileros recibían una lista de 25 canciones muy conocidas, como “Cumpleaños Feliz”. A cada tamborilero se le solicitaba que eligiera una canción y tamborileara golpeando con los dedos sobre la mesa el ritmo de esta a un oyente.

El trabajo del oyente consistía en adivinar la canción, basándose en el ritmo siendo tamborileado.Durante el curso de los experimentos, se llegaron a tamborilear 120 canciones. Los oyentes adivinaron solamente el 2,5% de las canciones: 3 de 120.

Para hacer el experimento más interesante, antes de que los oyentes dijeran el título de las canciones, se les pidió a los tamborileros que predijeran la probabilidad de que los oyentes las adivinasen. Aseguraron aquéllos que la probabilidad sería del 50%. Sin embargo, aunque los tamborileros predijeron que conseguirían hacer llegar su mensaje 1 de cada 2 veces, solamente lo consiguieron 1 de cada 40.

 

¿Por qué este fracaso tan estrepitoso?

Cuando el tamborilero tamborilea, oye la canción en su cabeza. En el experimento, los tamborileros se quedan estupefactos al comprobar lo difícil que les resulta a los oyentes adivinar la canción. ¿No es la canción evidente?

El problema radica en que los tamborileros han recibido información (el título de la canción) que vuelve imposible para ellos imaginarse lo que es carecer de esa información.

Se trata de la «Maldición del Conocimiento”. Una vez que conocemos algo, nos resulta muy duro imaginarnos cómo era no conocerlo.

 

Hemos sido “malditos” por el conocimiento.

En consecuencia, se nos hace difícil compartir nuestro conocimiento con otros, porque somos incapaces de recrear el estado mental de nuestra audiencia. Cuando presentamos, a menudo está sonando en nuestra cabeza una melodía que la audiencia no puede escuchar. Como en el experimento de los tamborileros y oyentes, existe un desequilibrio insalvable entre la información en poder de unos y de otros, lo que imposibilita la comunicación.

Si das por hecho que la audiencia posee la misma información (o el mismo conocimiento) que tú y no es así, no lograrás conectar con ella. Este es el problema de la mayoría de los presentadores que saben tanto sobre un tema que terminan quedándose solos cuando hablan:

  • han olvidado cómo era vivir sin ese conocimiento que ahora dominan
  • han perdido la capacidad de empatía, es decir, de ponerse al mismo nivel que el otro.

 

¿Cómo exorcizar la maldición del conocimiento?

Los hermanos Heath proponen en su libro seis principios para combatir la Maldición del Conocimiento y conseguir que tu mensaje llegue a la audiencia, para ello, la idea debe ser:

  1. Simple
  2. Inesperada
  3. Concreta
  4. Creíble
  5. Emotiva
  6. Contar una historia

 

Si nuestra presentación adopta estos principios, estaremos más cerca de haber roto la Maldición del Conocimiento que pesa sobre nosotros por el mero hecho de ser expertos en un tema.

 

Recuerda que esta situación se vuelve más exigente a la hora de la sesión de las preguntas y las respuestas.

 

Debes preguntarte:

  • ¿cuál es tu propósito como presentador?
  • ¿que tu Audiencia quede impresionada por tu ascendencia y credibilidad?
  • ¿que se vayan con conceptos claros y aplicables?
  • ¿terminar la agonía de presentar?

El miedo a hablar en público se puede controlar ensayando a fondo la presentación. Pero ¿qué pasa con la parte de la charla que está menos bajo tu control: el periodo de preguntas y respuestas?

No temas las preguntas y respuestas después de tu presentación.

 

Hay varias cosas que puedes hacer para prepararte:

  • En primer lugar, cambia tu mentalidad y desarrolla un aprecio por la conversación. Las preguntas de seguimiento significan que la audiencia quiere comprometerse con lo que dijiste.

 

  • Piensa en el tipo de cosas que podrían preguntar los miembros del público. Ponte en su lugar: ¿Cómo afectará tu mensaje a su trabajo? Practica responder con agradecimiento, cómo “Gracias por plantear eso”.

 

  • Si te hacen una pregunta polémica, empieza tu respuesta centrándote en los puntos en los que tú y el miembro de la audiencia estáis de acuerdo. Esto hace que la persona se sienta vista y conectada contigo.

 

  • Si te hacen una pregunta inesperada, responde con curiosidad. Haz preguntas de seguimiento que te ayuden a entender a qué se refieren y de dónde vienen.

 

  • Si sigues sin entender o conocer la respuesta, puedes volver a expresar tu agradecimiento. Una respuesta como “No estoy seguro de eso, pero gracias. Lo investigaré y te llamaré”, siempre funcionará.

 

Finalmente, recuerda que no solo basta con saber, sino que además es necesario saber comunicar ese saber.

 

Se atribuye a Aristóteles la frase: «Tan importante como la idea misma es saber contarla».

 

Albertina Roche

Consultora – Intelectum Beyond Consulting.