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Escuchar es difícil porque implica que debes suprimir tu ego el tiempo suficiente para considerar lo que te dicen antes de responder. En un mundo en el que pocas personas escuchan, los buenos oyentes se destacan. Y es esa virtud la que los suele potenciar como líderes.

Entonces, ¿por qué es tan difícil escuchar?

Cuando alguien empieza a hablar, nuestras mentes intentan:

  1. Adivinar razonablemente lo que van a decir – “Sé lo que vas a decir”.
  2. Identificar un patrón – “Sé adónde vas con esto”.
  3. Anticipar algo con lo que no estamos de acuerdo – “Eso está mal.”

Cuando ocurre una de esas cosas, dejamos de escuchar y nuestra mente entra en un estatus de “sordera selectiva” y empiezamos a preparar nuestra respuesta.

En ese momento, el protagonismo del proceso comunicacional pasa del tema a nosotros; es decir, la conversación se enfoca en mí. Cuando la otra persona hace lo mismo, el oro se convierte en plomo y hay una ruptura en el proceso communicacional pues se pierde el espacio donde reside la capacidad de negociación.

En lugar de hacer la conversación sobre ti, trabaja para entender la perspectiva de la otra persona tan bien como ellos. No tienes que estar de acuerdo, pero si tienes la obligación de atender y entender.

 

Una conversación no es una carrera para hacer un punto

Sino más bien una exploración de la mente de alguien que te permita ver su perspectiva y ponerte en sus zapatos. Cualquiera pueda desarrollarse como líder, esto no está en duda. Pero asumir que lo excelente y lo bueno son puntos a lo largo de la misma corriente, puede ponerse en duda. Recordemos que un liderazgo bueno y un liderazgo excepcional tienen características y caminos claramente diferentes. El liderazgo entonces no es unidimensional y debe ser potenciado constantemente,

 

Por Rosendo Roche.