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El gran gurú de ventas y mercadeo, Donald Miller, recientemente publicó en sus redes sociales su elogio, como si hubiera fallecido. Como él mismo comentó, las reacciones no se hicieron esperar: algunas personas lo consideraron morboso, otras creyeron que había fallecido y muy pocas personas realmente entendieron el significado que esta actividad representa para él.

 

Miller realiza un ritual cada mañana al levantarse, que incluye el leer un supuesto discurso en ocasión de su muerte: contado por sus seres queridos, en donde no se detalla sólo lo que estudió, dónde trabajó, con quien se casó y cómo formaron su familia, sino que va mucho más allá. Es un recuento de los hechos más significativos de su vida, a la luz de los aportes que dejó en otras personas. De esta manera se enfatiza la huella que como ser humano, cualquier ser humano, es capaz de dejar en otros.

 

¿Cuál podría ser la finalidad de realizar este ejercicio, que a primera vista pareciera poco útil y hasta etéreo?

Pues, todo lo contrario. Para la metodología GTD® “Getting Things Done®”, es trabajar en los llamados Horizontes de Enfoque, herramienta que te permite conocer y alinear las prioridades en tu vida.

El Quinto Horizonte en GTD®, se refiere específicamente al Propósito de tu Vida. Y es el que te va a permitir responder a preguntas tales como:

  • ¿Quién soy yo?
  • ¿Qué quiero ser?
  • ¿Por qué estoy en este trabajo?

El Quinto Horizonte es por tanto la gran imagen: lo que eres y puedes llegar a ser. Tiene entonces un propósito interno y uno externo.

El propósito interno es el mismo para todos los seres humanos: conocerse a sí mismo, pero no desde el punto de vista de nuestra personalidad, sino de nuestra condición única y especial:

  • Talentos
  • Valores
  • Experiencias
  • Emociones
  • Sueños
  • Deseos

 

Alguno de estos puntos vamos a poder responderlos fácilmente; otros nos llevarán toda una vida responder.

Respuestas que además varían dependiendo del ciclo y circunstancias en la que estemos ubicados en un momento dado.

A partir de allí es que comenzamos a estructurar nuestro propósito externo:   reflexionar sobre la manera que podemos usar nuestros talentos únicos para trabajar con otros, para determinar el valor agregado que estamos dispuestos a dejar.

A continuación, nos preguntamos sobre el negocio donde deseamos trabajar y lo contrastamos con la Empresa donde efectivamente laboramos:

  • sus valores,
  • cultura y
  • orden de prioridades,

Determinando nuestra real alineación con la misma.

 

Si de este proceso de aplicar nuestro propósito interno al externo y a lo que estamos realizando en los actuales momentos salimos satisfechos, continuamos entonces con los acuerdos de los Horizontes de Enfoque inferiores:

  • visión,
  • misión,
  • metas,
  • objetivos,
  • áreas de responsabilidad,
  • proyectos y
  • próximas acciones.

Si, por el contrario, no conseguimos congruencia o no estamos satisfechos con los resultados, volvamos a analizar y a redefinir nuestro propósito de vida.

¡Las veces que haga falta!

Como dice Donald Miller: “el realizar este ejercicio desde hace más de diez años te permite recordar que estás en el centro de una historia increíblemente interesante: La tuya“…